Ese placer que es la piedra angular del éxito no se logra enseguida, debemos cultivarlo, alimentarlo, esmerarnos a fondo. No es una tarea de uno, ni de dos sino de varios protagonistas: el profesor, el niño y su familia.
De nada valdrá saturar a nuestros alumnos de elementos técnicos si no los enseñamos con nuestro ejemplo a amar lo que hacen; ellos saben cuando los están adiestrando mecánicamente y cuando está el corazón involucrado de forma honesta en ese proceso.
Desde el instante en que los niños descubren el goce indescriptible de tocar apasionadamente, la música deja de ser un hecho casual en sus vidas y se convierte en parte entrañable de ella.
Pienso que aprender a expresarse a través de la música es el más grande descubrimiento que pueda nadie imaginar.

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